El relato se escapa, así como lo hacen las buenas ideas. Casi siempre jugando a las escondidas en los vericuetos paupérrimos de mi intelecto. Con la velocidad de un roedor pequeño se escabullen detrás de esa maderita o perforan acá y allá buscando lugares oscuros y húmedos. En vano el intento de retomar el hilo perdido; inútil perseguir voluntariosamente lo inalcanzable. La razón es la carrera, nunca la meta. Por eso siguen estos dedos como continuación de masa pensante, infructuosos y desesperados practicando su baile de hormiguitas sobre el teclado.
Ahora se rinden.
Y luego retoman.
Al final veremos juntos el resultado.
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